8 de febrero de 2008

El fino arte de quemar un puente

Si tuviera una moneda de diez centavos por cada charla nocturna en la que se filosofó sobre lo efímero e imprevisible de la vida, a esta altura probablemente sería millonario, lo cual facilitaría mucho mi vida, o al menos eso me han hecho creer los manuales de autoayuda. Nadie me ha dado monedas de diez o siquiera cinco centavos aún y menos en cantidades, por lo tanto solo me queda buscar refugio en mi anotador cuadriculado y alguna que otra lapicera gaucha que me acompañe en el sentimiento.

La noción que podemos tener acerca del futuro es tan incierta como nuestro almuerzo del lunes. Dicho esto, cabe hacer una excepción con la gente que tiene gastroenteritis: ellos saben que de 48 a 72hs el menú nunca va a alejarse del arroz con caldo o la pechuga de pollo con puré de calabaza... un churrasco tal vez si deciden ponerse en reventados, pero no creo que nadie que vaya al baño siete veces en una tarde tenga muchas ganas de ningún reviente, excepto el que incluye morir y pronto.

El que este bajo la impresión que el destino se ríe de nosotros en nuestra propia cara, probablemente ande en lo cierto. Paranoicos y con la certeza que nos están siguiendo, solamente un asiento vacío nos da alegría, siempre y cuando podamos ocuparlo. No importa a quien haya que matar: si ese peinado luce como de peluquería y té con masas, es perfectamente legal y argentino hacerlo. También si es color rubio mostaza. Viva la patria.

Si la vida fuera como las propagandas de jabón en polvo todos seríamos más felices. Espero ansioso el día que Tribunales se convierta en una gran comedia musical y se vuelvan a poner de moda los bombines. Al fin y al cabo nunca fui un buen bailarín, y sin expectativas no hay desilusiones, que para eso sí tengo talento. Para eso y para quemar algún que otro puente, que era la idea original de todo este texto, pero ya lo ven, supongo que también incumplí con ustedes.

Al menos fue gratis.

4 comentarios:

La Hormiga Justiciera dijo...

yo quiero ser cantante de comedia musical (y por un tiempo monja tmb, despues me olvide) desde q vi "the sound of music" asi que, cambiamos los edificios por montañas y va pa frenchi eh.

Victoria dijo...

Veo que lo modificaste "un poco". Me gusta mucho, debo admitir que así esta mejor todavía. Y sí, el destino se rie de nosotros en nuestra propia cara, cuando uno cree tener todo bajo control es cuando las cosas toman un vuelco inesperado y muchas veces inmanejable y lo único que se puede hacer es refugiarse debajo de una mesa hasta que pase el terremoto (o temblor citando a Soda) y después salir y ver los daños, capaz el temblor hasta nos acomodó un poco las ideas...
"Sin expectativas no hay desiluciones" , si tuviera una moneda de 10 centavos por cada vez que intente no ilusionarme con algo y fallé seguramente sería más rica que vos con tus reflexiones sobre la vida. Pero bueno, cuando aparezca algún millonario excéntrico dispuesto a regalar monedas de 10 centavos a todo el mundo te aviso y nos vamos a recorrer el mundo si te parece bien.
Por último no me gusta nada quemar puentes, salvo cuando es extremadamente necesario y en ese caso no es un arte nada fino, es algo doloroso y poco agradable.
Muy bueno faixal. Saludos.

Flauer dijo...

jajajaja
tiene un final brixante.
Lo bien que nos describís a todos, polishita. No ando de rubio pero uso un flequillo de coté que me delata, al igual que el suspiro de cuando consigo el asiento, o al ejercer el fino arte de quemar un puente. Eso y muchas otras cosas más.

ChAcHu dijo...

esto se llama "El autor finalmente se desbloqueó"...
genial la veracidad de los hechos que contás...

saludos!